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No hace mucho, las gaseosas artesanales eran el refresco favorito de numerosas familias valencianas, pero hoy apenas sobrevive una fábrica.

Hace sólo unas décadas, en la Comunitat Valenciana había decenas y decenas de fábricas artesanales de gaseosa, en cada comarca. Eran tiempos de vino con gaseosa en las mesas de las familias valencianas, de sifón y de botellas de cristal con tapón de porcelana y brida. Sin embargo, los cambios en los hábitos de consumo, el dominio de las grandes marcas de refrescos y los requisitos administrativos y sanitarios han influido en la progresiva desaparición de estas empresas, la gran mayoría familiares.

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Una de las firmas tradicionales que sobreviven es La Flor del Xúquer, en la población de Polinyà de Xúquer, con más de 50 años. A parte de La Flor, la empresa tiene otra marca: La Sabrosa. Además, fabrica para otras marcas que ya dejaron de producir sus gaseosas: Dugarref, de Algemesí, La Amistad y La Señera, que era una de les marcas más populares y que existe desde los años 40.

Por su parte, La Flor de Espadán, en Suera, Castellón, era hasta hace poco la otra firma valenciana que todavía fabricaba llimonada (como se le suele llamar en valenciano), pero finalmente ha dejado de hacerlo y es también en La Flor del Xúquer donde se producen sus botellas. Todavía hacía a mano una parte del proceso de producción.

Otra empresa que también dejó de fabricar es la marca Cervera, en Traiguera, en la comarca del Baix Maestrat. Es una empresa familiar, Mampel, que tiene ahora cuatro empleados, fundada hace más de cincuenta años y que tuvo su mejor momento “en los 60 y 70”, según explica el actual propietario, Juan Vicente Cervera Mampel. Hoy se dedican sólo a la distribución.

Cervera apunta como causa del cierre de muchas fábricas de llimonades el progresivo dominio de La Casera, que absorbió muchas marcas, y, en los últimos tiempos, las exigencias sanitarias y alimentarias. Eso, al menos, es lo que provocó que ellos dejaran de fabricar hace más de cuatro años: “Era una pega detrás de otra y todo a base de poner más y más dinero”, lamenta Cervera.

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En Alicante el proceso ha sido similar y marcas emblemáticas como Yola, de Alcoy, o La Flor de la Nucía son hoy sólo un recuerdo y sus botellas objeto de coleccionista. Esta marca de La Nucía, de la familia Santamaría, comenzó repartiendo en motocarro e incluso bicicleta en 1958, pero cerró hace unos pocos años con la jubilación de los dos hermanos que la regentaban.

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