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En su infancia jugaba y soñaba a ser joyero en el taller familias. A veces, los sueños se convierten en realidad. Ahora es un joyero reconocido, aunque sigue jugando cada vez que crea una colección. Conocemos algo más de un joyero atípico que ha apostado por la experimentación sin abandonar el modo tradicional; José Marín.

Tras dos nominaciones consecutivas a los Premios Nacionales de Artesanía por tus trabajos de innovación, ¿se cumplirá el refrán? ¿La joyería valenciana por fin tendrá un Premio Nacional?

Por mi parte, si es, será al de Premio Nacional de Artesanía que es al que me voy a presentar y lo voy a intentar con toda la pólvora que tenga, porque al de producto no me apetece, en realidad no me gusta catalogar mi trabajo de producto.

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Vienes de una familia de joyeros. ¿Cómo y cuándo decides dedicarte profesionalmente a la joyería?

Bueno, a los trece años empecé a ir a la escuela del Gremio de Joyeros cuando salía del colegio por las tardes y a los 16 me contrato el profesor que teníamos de taller, en ese momento me di cuenta que esto iba en serio.

Mantienes una constante renovación de objetos y colecciones en el catálogo de tu taller. ¿En qué estás trabajando actualmente?

Estoy terminando la colección “The Colors of The Jungle” para una exposición prevista para diciembre en la Mobilia Gallery de Cambridge, en Massachusetts (EEUU).

Has innovado en la elección de los materiales y un peculiar sistema de aplicación de color a los metales. ¿Podrías explicar qué técnicas usas y en qué consisten?

Fácil. Ese es el secreto. Trabajar como se trabajaba en la antigüedad, esto es, a mano, pero con un material diferente; El Titanio. Lo difícil ha sido descubrir como hacerlo.

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¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

Bueno, de lo más variado. De la naturaleza bebo constantemente, pero también tengo una colección inspirada en la ambigüedad sexual y un proyecto inspirado en el desierto, entre otras influencias.

Desde hace unos años, has iniciado una sólida internacionalización de tu marca. ¿Qué es lo que demandan los mercados exteriores?

La verdad es que no lo sé e intento que no me importe. Estoy en busca de la libertad artística y, por eso, hago lo que me pide el cuerpo. Sinceramente, es así. He pasado muchos años como diseñador freelance y trabajando por encargo e intentando materializar la ideas de otros y ya no me va.

Dado que tu proyección profesional te ha permitido entrar en mercados tan diversos como el norteamericano y el suizo, ¿cómo ven la artesanía española en el exterior?

Suiza lo he intentado pero de momento se me resiste. Sin embargo, he conseguido posicionarme en Australia y EEUU. Yo percibo una gran atracción por España, y a mí particularmente, me tratan con mucho respeto y cariño.

A pesar de todo, sigues vinculado a la formación de las nuevas generaciones de joyeros. ¿Qué les espera?

Contestando la pregunta les espera una preparación equiparable a los estudios Europeos ya que Valencia es desde este año la única comunidad de España en implantar el grado de joyería. Y, respecto a mi vinculación con la formación, ahora más, ya que empiezo a trabajar como maestro de técnicas de joyería de 1º del ciclo superior de joyería artística de la Escola d’Art i Superior de Disseny de València (EASD).

Cómo ha afectado a la joyería estos años de recesión, ¿saldrá reforzada? O, por el contrario, ha perdido su posicionamiento frente a disciplinas como la bisutería.

A ver, reforzada en lo económico, no. Todo lo contrario. Dudo que lo que se ha perdido -que ha sido muchísimo- vuelva. Ahora bien, los poquitos que han quedado es porque se han sabido adaptar. Y, respecto al ámbito general, lo que hemos experimentado es un cambio respecto a las nuevas generaciones. Ahora, el que se vincula al aprendizaje de la joyería es para realizarse como artista y no como anteriormente que eran técnicos que trabajaban para empresas.

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