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Ubicado en uno de los palacios más emblemáticos de Valencia –el del Marqués de Dos Aguas-, el Museo Nacional de Cerámica González Martí ha cumplido ya 60 años con nuevos retos en el horizonte como su ampliación. Su director, Jaume Coll, lo cuenta en esta entrevista.

En 2014 el museo ha celebrado su 60 aniversario ¿Confías en que el proyecto de ampliación, recogido en los Presupuestos del Estado, se pueda ejecutar en su totalidad a pesar de la crisis?

Confío en que las Administraciones Públicas son conscientes que este museo es una institución importante para España, tanto a nivel local como nacional. Es el museo de la especialidad más visitado de Europa, doblando al segundo de la lista. En ese grupo encontramos, por citar algunos, al Museu Nacional do Azulejo de Lisboa, al Cité de la Céramique de Sèvres o al Museo Internazionale delle Ceramiche in Faenza. A final de 2014 ya habíamos alcanzado más de 130.000 visitantes. Esto debe ser un aliciente y el impacto económico del museo se cifra en cinco millones de euros al año, lo que desde el punto de vista económico manifiesta que una inversión ajustada como la prevista en los presupuestos, recuperable a corto plazo, no debe suponer un problema. La importancia histórica de la cerámica valenciana y española se lo merecen.

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De ese proyecto de ampliación, ¿qué es lo que más destacarías? ¿Qué supondrá para el museo?

Podríamos exponer colecciones únicas que actualmente se encuentran en almacenes o sólo pueden verse cuando circulan en exposiciones itinerantes fuera de Valencia, como por ejemplo nuestros fondos de azulejería valenciana, que son la colección más importante del mundo en su género. Sólo exponemos cerca de un 10 por ciento de nuestra cerámica. También permitiría ampliar los contenidos informativos a través de las nuevas tecnologías. Sin duda, nos podríamos convertir en un museo excepcional a nivel europeo.

¿Cómo ve el futuro de la cerámica tradicional valenciana?

La artesanía siempre existirá, pero hay un aspecto que siempre me preocupa y es la pervivencia de los saberes tradicionales. Por ello hemos impulsado el proyecto de investigación sobre el Patrimonio Inmaterial centrado en dos casos de la artesanía cerámica valenciana: la loza dorada, y la cerámica de fuego de Vall d’Uixó. Las autoridades contemplan al artesano como un elemento más del engranaje productivo como pyme. Creo que falta protección para este sector, al que se le exige una capacidad productiva que le permita sacar a flote su negocio y gestionar los asuntos con la Administración con la misma solvencia que una empresa grande, cuando en muchísimos casos son empresas unipersonales que deben contratar gestores para todo esta tramitación complementaria.

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¿Cabría buscar un marco más flexible?

Un grave problema es el del relevo generacional. No hay una formación en oficio más que en aspectos de innovación y diseño. La integración de aprendices en este tipo de empresas es difícil ya que los costes laborales son inasumibles para muchas de ellas. Creo también que falta promoción del producto artesano e información al público. O bien se hace desde el lujo, con altísimos precios, o el producto debe competir con un mercado de objetos de uso cotidiano de bajísimo coste. Por último, me refiero a aquellos que producen aún patrimonio vivo con sus manos: por ejemplo, la loza dorada valenciana, que es heredera de unas técnicas y procesos singulares de hace mil años. Pienso que falta una política decidida para discriminar qué agentes pueden considerarse patrimonio vivo e impulsar su protección pública, como ocurre en Japón con la figura de los artesanos declarados Monumento Nacional. Hablamos de pocos casos, por lo que pienso que sería asumible.

¿Puedes avanzarnos cómo será la programación expositiva en los próximos meses?

Tenemos previsto presentar tanto fondos inéditos como exposiciones que presenten el resultado de la investigación desarrollada en los últimos años. En relación con lo primero presentaremos una exposición sobre Manuela Ballester, una artista valenciana exiliada tras la Guerra Civil, esposa de Josep Renau, de quien recibimos una interesante donación. También sobre nuestros fondos, podemos destacar otra exposición que dedicamos a Francisco Aguar, pintor ceramista y gran coleccionista que donó una enorme colección de azulejo valenciano al museo. En el apartado de investigación destaca la exposición que preparamos sobre la fábrica de mosaico Nolla, un producto industrial de cerámica avanzada para pavimentación impulsado por Miguel Nolla y Bruixet en 1860 en Meliana, de gran calidad. En broma, pero siendo cierto, solemos decir que el mosaico Nolla es el bisabuelo del gres porcelánico tan extendido hoy en nuestros hogares, corazón de la producción actual de Castellón.

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