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Con 800 metros cuadrados de exposición, cerca de mil piezas y sede de un concurso internacional, el Museo de Cerámica de l’Alcora (Castellón) es uno de los más importantes de la Comunitat Valenciana. Entrevistamos a su director, Eladi Grangel.

El museo ha celebrado en 2014 su vigésimo aniversario ¿Qué retos se plantearon? ¿Y para este año 2015 y el futuro?

El Museo se reabrió, ampliado y remodelado, en marzo de 2012. En estos primeros años de la nueva etapa el principal reto es llegar al máximo de público con nuestro nuevo discurso museográfico basado en tres colecciones independientes pero complementarias (Cerámica de l’Alcora, Cerámica Contemporánea y Alfarería Popular), presentadas en unas instalaciones modernas y accesibles.

¿Puedes explicarnos cómo será la programación expositiva en los próximos meses o avanzar alguna novedad?

El 26 de junio inauguramos la exposición del 35º Concurso Internacional de Cerámica de l’Alcora-CICA 2015, que es uno de los referentes en su género en nuestro país. Cada año recibimos alrededor de 200 inscripciones de todo el mundo y de ellas se seleccionan las obras finalistas que forman parte de la exposición. Para el último tercio del año y para 2016 estamos estudiando diversas propuestas, siempre con el objetivo de ofrecer una programación variada y de calidad.

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¿Cómo están funcionando el proyecto educativo del museo y los talleres que ofrecéis?

El Taller Cerámico es una de las joyas de nuestra programación. Por él pasan cada año más de 100 grupos escolares. Valoramos muy especialmente el potencial pedagógico de la cerámica, y lo transmitimos a todos los ciclos educativos, desde Infantil a Educación de Adultos o Educación Especial.

Diriges el museo desde su puesta en marcha, ¿qué balance haces de todo este tiempo?

Muy satisfactorio. Comenzamos en 1994 con unas instalaciones dignas pero limitadas, unas colecciones escasas y toda la ilusión por recuperar desde l’Alcora y para l’Alcora un patrimonio cerámico que ha dado proyección internacional a nuestra localidad. No sin dificultades, hemos ido creciendo en muchos aspectos. Entre ellos: la gran aceptación del Taller Cerámico entre la comunidad educativa, la implicación en el proyecto de todo el personal y el reconocimiento entre la población, que considera al Museo como un lugar en el que descubrir parte del legado de sus antepasados y mostrarlo con orgullo a quienes nos visitan.

L’Alcora tiene una larga tradición alfarera. ¿Puedes hacernos un breve repaso de su historia?

Se remonta, al menos, al siglo XVI. En la documentación histórica hemos hallado numerosas referencias a alfareros de aquellos tiempos, entre los que destaca el mestre Gabriel Redolat, de quien conservamos dos tinajas vinarias datadas hacia 1570-1590. Esta actividad alfarera finaliza en 2002 con el cierre de la cantarería de los hermanos Nomdedéu Medina. Hemos recreado algunas fases del proceso del trabajo alfarero con el utillaje y herramientas donadas por Antonio Nomdedéu, el último alfarero profesional de l’Alcora. Pero sin duda el capítulo más conocido de nuestra cerámica es la Real Fábrica del Conde de Aranda, fundada en 1727, que durante el siglo XVIII se situó en la cima de la producción cerámica europea. Esta fábrica es también el origen del sector industrial azulejero que a lo largo del siglo XIX y XX se ha desarrollado en la provincia de Castellón.

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Todavía hay artesanos que trabajan la cerámica a la manera tradicional ¿Cómo ves el futuro de esta clase de cerámica?

Es un activo cultural inmaterial de enorme importancia para la Comunitat. Pero con la pérdida de utilidad de muchos objetos y la feroz competencia de productos industriales fabricados a miles de kilómetros y en condiciones ventajistas, el sector artesano necesita medidas de apoyo y promoción de las instituciones públicas. La artesanía cerámica es parte de nuestra identidad colectiva; no podemos permitirnos el lujo de perderla, de empobrecernos como sociedad.

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